Estudio Bíblico

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Las actitudes del discípulo (6).



ENSEÑANZA No. 40.

LAS ACTITUDES DEL DISCÍPULO (6).



Objetivos de la enseñanza.
Entender que las actitudes son el resultado de nuestros pensamientos y que los pensamientos derivan del carácter y de los principios que les dan soporte en nuestro corazón.
Entender que las actitudes derivan de los principios que sostenemos en nuestra vida y que la mayoría de principios arraigados en nuestro corazón dependen de los que recibimos del mundo en la época temprana de nuestras vidas, cuyos objetivos son robar, matar y destruír.
Que necesitamos renovar nuestras actitudes renovando nuestras mentes mediante el conocimiento de los principios que enseñó y aplicó Cristo en su vida, para entenderlos y aplicarlos en la nuestra.
Prepararnos para desarrollar y manifestar el fruto del Espíritu en circunstancias específicas, manifestando las mismas actitudes de Cristo.
Entender los principios relacionados con las actitudes de un discípulo, para aplicarlas y desarrollarlas de manera permanente en nuestras vidas.
Conocer, entender y aplicar los principios y las actitudes del autocontrol para vencer la ira y del corazón puro para vencer los deseos prohibidos, en nuestro caminar diario.


Introducción.
Al comienzo de este tema, en el versículo 21, y posteriormente, cada vez que Jesús introduce el tema de una nueva actitud, lo hace con la expresión: “oísteis que fue dicho…Pero yo os digo”. Al decir esto no estaba señalando fallas en la Ley, sino corrigiendo la interpretación y comprensión tradicional de ella. Dijo “oísteis” no “así está escrito”, haciendo con ello una distinción entre el texto mismo y los comentarios de los fariseos. Jesús no estaba corrigiendo el texto, sino la interpretación que los fariseos habían hecho del mismo.


Autocontrol vrs. Ira (vrs. 21-26).
Subraya como estima el Señor la vida y la personalidad: como sagradas.
Afirma que el asesinato tiene connotaciones más profundas que el acto en sí. Es un crimen del corazón, no de la mano; de la motivación, no solo del acto.
Coloca la ira, ya sea que esté secretamente guardada en el corazón o expresada, en la misma categoría que el asesinato, porque también tiene una tendencia asesina.
El alma de las personas puede ser asesinada tan efectivamente por palabras despreciativas o iracundas, como su cuerpo con un arma.
Los fariseos no se preocupaban del pecado hasta que se evidenciaba en acciones, con lo cual manifestaban que no se preocupaban por el estado del corazón de aquellos que sin cometer asesinato, tenían la motivación aprisionada en su corazón.
Jesús amplió el concepto de asesinato para incluir la motivación o las palabras que le podían dar existencia, fuera que se la dieran o no:
• La ira malévola.
• Las palabras despreciativas.
• El furor descontrolado.
Si hemos pecado contra alguien en alguna de las formas mencionadas, nuestra primera responsabilidad es reconciliarnos, aún antes de la adoración. Dios está más interesado en relaciones interpersonales correctas que en ofrendas. Lo que nosotros llamamos adoración, sin reconciliación, no es adoración. Es imposible estar en buenas relaciones con Dios y al mismo tiempo con malas relaciones con alguna otra persona.
Recalca que tratándose solo de intereses personales y no de principios, era mejor ceder para lograr un arreglo. Es sabio reconciliarnos con la persona a quien hemos ofendido antes de que el juicio de Dios caiga sobre nosotros, por nuestros pecados.




Pureza moral vrs. Deseo prohibido (vrs. 27-30).
El principio básico en este pasaje es el del mantenimiento de la pureza moral a cualquier precio, así como el dar honor a la mujer y el carácter sagrado de la relación matrimonial.
Jesús fue más allá del acto externo del adulterio (una de las expresiones del pecado) hasta descubrir que el virus del pecado es la lujuria en el corazón, que lo inspira. Al ir a la raíz y no solo a la manifestación, amplia el concepto del pecado: el mandamiento se infringe tanto por una indulgencia relajada del ojo o del pensamiento como por el acto inmoral.
• La mirada en forma repetitiva y adrede que excita el deseo.
• La mente que se ocupa de lo impuro.
Jesús, al ampliar el ámbito del pecado, también condena el mirar a una mujer como un posible objeto para la gratificación del deseo, como un objeto para explotar en lugar de una persona para respetar y amar, es decir, la mirada que descuida lo sagrado de la persona de la mujer.
El precio de la pureza moral es una rigurosa autodisciplina, pero implica un premio que supera abundantemente el costo.
Cualquier cosa personal que nos facilite el pecado debe ser quitado radicalmente de nosotros.
El discípulo tiene que estar convencido de que para mantenerse puro debe ser restrictivo y radical en su vida, porque es mejor una vida limitada antes que una vida derrotada y profana.
En el mantenimiento de la pureza juega un papel muy importante nuestra mente, nuestros pensamientos. Solo podemos tener un pensamiento a la vez y somos nosotros quienes lo escogemos. Cuando la mente está ocupada en lo puro (Fil 4:8, Sal 1.1-3), no hay lugar para lo impuro.


Preguntas para autoevaluación.
¿Está mejorando mi autocontrol en relación con todas las expresiones de la ira, incluídas las del pensamiento y el corazón?
¿Tengo hacia las personas la misma consideración del Señor en cuanto a que son sagradas por cuanto en alguna medida son imagen y semejanza del Creador?
¿Porqué el insulto, la ofensa, la diatriba, y cosas semejantes es puesta por Jesús en la misma categoría que el asesinato?
¿Qué es para dios más importante: las relaciones o las ofrendas?
¿Qué necesito hacer en mi vida para mejorar mi autocontrol en relación con todas las expresiones de la ira, directas o encubiertas?
¿Cuáles son los dos principios básicos en la enseñanza de Jesús en cuanto a la pureza moral vrs el deseo prohibido?
¿Qué juega el papel fundamental en el mantenimiento de la pureza?
¿Qué necesita hacer en mi vida para mejorar en cuanto a la pureza y desechar los deseos prohíbidos?
Todo lo que necesito hacer, de acuerdo a las respuestas anteriores, ¿cómo y cuando lo haré y qué resultados espero como consecuencia?

23 Dic 2008
Referencia: Enseñanza 40.